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Yuan. Capítulo 25

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Yuan. Capítulo 25

ESTO SE ACABA. Estimados lectores y queridos seguidores. Inicie el primer capítulo de este libro hace muchos años. Allí se quedó cogiendo polvo. La idea de hacer una novela fue de mi madre. Por eso este libro se lo voy a dedicar a mi madre. Me recordó, en estos tiempos de confinamiento que aprovechara para escribir. Su estímulo y mis ganas de poder ayudar a la gente han hecho que desde que inicié; cada día de lunes a jueves escribiera un capitulo para vosotros. En abierto. Para que de alguna manera pudieras salir con el poder de la mente a los lugares que mis letras os han intentado llevar.

AGRADEZCO a todos las palabras de ánimo, los comentarios amables, sobretodo sentir que el libro os gustaba.

Esta semana se acaba el confinamiento. La semana que viene volveré a la rutina laboral. Por tanto esta semana tendré que finalizar esta aventura de la que tantos y tantos somos participes.

 

Capítulo 25

¿Ir al desierto?

 

Se encontraba al lado de Imhotep. Pero eso no era posible. Yuan le pregunto ¿Estoy muerto? Imhotep no le contesto, solo esbozo una pequeña sonrisa. Escúchame Yuan lo que tengo que decirte es importante. Ante todo gracias por devolver el amuleto. Ahora ya puedes contar lo que quieras de tu experiencia. Debes saber que corres el riesgo de que te tomen por loco. No ha quedado rastro de tu aventura. En cuanto a la tumba del sacerdote aún tardaran muchos años en encontrarla. Tu no la viste solo pasaste por un camino que nunca nadie encontrara ya.

Yuan: ¿que había al otro lado de la puerta?

Imhotep: Un nuevo camino para el amuleto. No has de saber más pues su historia ya no tiene que ver contigo.

Yuan: ¿Pero a que te refieres con el rastro borrado? ¿No ha sido cierto lo que he vivido?

Imhotep: Te cortaste la cara, al caer tirado por el viento que perseguía el gato. Eso es una prueba de la certeza. Pero más lo es aun lo que cogiste y aun tienes en tu bolsillo. Antes de que te despiertes. Solo decirte una última cosa en agradecimiento. Igual que la ribera del Nilo es ahora, antes era el Sahara. Aquello que buscas está en Uweinat. Pero has de saber. Si danzas la música de la flauta al son del alado negro allí morirás. Solo tú decides si iras.

Ahora es momento de despertar. Imhotep sopló suavemente en dirección a Yuan. Este se empezó a elevar. Tenía un montón de preguntas pero cada vez estaba más lejos de Imhotep.

Con los ojos cerrados. Intento llevarse la mano derecha a la cabeza, le dolía mucho. No pudo hacerlo. Empezó a entreabrir los ojos. Una luz cegadora sobre él hizo que los volviera a cerrar. Girando la cabeza para huir de la luz. Los volvió a entreabrir esta vez con la cabeza girada. Recuperó la vista por completo. ¿Dónde estaba? Por fin se dio cuenta. Estaba en la habitación de un hospital. Intento incorporarse de la cama. Tenía la muñeca atada a la cama con unas esposas. Se llevó la mano libre al bolsillo. Allí estaba. Lo que había encontrado. En ese momento entró en la habitación un policía. ¿Qué hacía usted de noche merodeando por zonas prohibidas? Yuan se quedó callado por un momento.  El policía repitió la pregunta. Yuan iba a hablar cuando aparecieron por la puerta Akil y Alya. ¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras? El médico ha dicho que podemos llevarte a casa. El policía les dijo: No se ira de aquí hasta que responda a ciertas preguntas. Alya se encaró con el policía. Acabamos de hablar con el médico nos ha dicho que está bien para irse pero que puede que haya perdido la memoria y que por eso lo mejor es que este en un entorno conocido. Para que le ayude a recordar. Entonces se giró hacia Yuan y le preguntó: ¿Recuerdas algo Yuan? Antes de que pudiera abrir boca se volvió a girar en dirección al guardia y le dijo. Acaso no sabe que este hombre es periodista y fue secuestrado recientemente. Seguro que le atacaron. No se preocupe cuando recuerde algo ya le llamaremos. Yuan iba a abrir la boca y Akil se acercó rápidamente a él y sin dejarle hablar le dijo tranquilo Yuan, tranquilo cuando estés en casa te encontraras mejor. El policía pidió algún informe por radio y al final los dejo marchar.

En el viaje a casa de Akil Yuan les contó todo lo sucedido. Así como el sueño en el que Imhotep le dijo antes de desperta:

“Igual que la ribera del Nilo es ahora, antes era el Sahara. Aquello que buscas está en Uweinat. Pero has de saber. Si danzas la música de la flauta al son del alado negro allí morirás. Solo tú decides si iras”

Estaban todos cansados y era muy tarde, se fueron a dormir.

Por la mañana. Akil había preparado todo para poder ir a la zona donde se encontró a Yuan desmayado. Allí no había ningún rastro de nada. Ni siquiera del relieve que le había permitido abrir la supuesta puerta. Los tres buscaron alguna prueba de que hubiera podido entrar. O por donde salió. No encontraron nada. Akil le dijo a Yuan. Puede que te atracaran, o que al golpearte en la cabeza perdieras el amuleto. ¿Estás seguro que lo que cuentas no fue un sueño de cuando te desmayaste?

Entonces Yuan lo recordó y se tocó el bolsillo. Aquí está la prueba. Me había olvidado por completo. A Inmhotep le estaba yo preguntando exactamente lo mismo. Su respuesta fue lo que tienes en el bolsillo demuestra que es cierto. Entonces puso la mano en su bolsillo y lo saco.

En arqueología era conocido como Ushebtis. Eran un tipo de figurillas a las que se consideraba con capacidad mágica. Figuras para realizar tareas especiales. Al llamarlos venían en tu ayuda. Por eso se llaman Ushebti que significa “el que responde”. Era exactamente la misma que Yuan había visto depositar a Imhotep antes de atravesar el portal en llamas. Lo cogió justo después de poner el amuleto en la puerta.  Cuando vio que la puerta empezaba a cerrarse lo guardo y empezó a correr. No había sido su intención llevárselo. Simplemente le llamó la atención. Era una figurilla muy llamativa. Estaba hecha de fayenza. Una loza egipcia vidriada de tonos azules o verdosos. En este caso era de un azul que atraía la mirada.

Akil al verlo. Dijo vámonos a casa y hablemos calmadamente de todo esto. Mientras regresaban volvieron hablar de lo mismo. Esta vez ya creían que era cierto aunque inexplicablemente no quedara rastro. De todas formas los antiguos egipcios eran conocidos por hacer trampas y mecanismos inexplicables. Aun hoy en día se debate sobre la construcción de las pirámides. Akil fue a buscar una de sus agendas en las que tenía escrita información sobre las figurillas llamadas Ushebti. Por lo visto tenían un código que las activaba. Cuando la llamabas con el código correcto respondía: “Aquí estoy”. Luego le mandabas la tarea y antes de irse tenía que decir: “lo haré”. Si lo hacía podías quedarte totalmente tranquilo, significaba que realizaría la tarea. Encontró toda esta información en la libreta. No encontró la palabra que invocaba al espíritu. Por lo visto no siempre era la misma. Para que otra persona no activara su magia. Akil dijo: Tendría que buscar en el libro de los muertos la fórmula. E intentar descifrar las inscripciones que lleva.

Alya no quiso darle más importancia a la figurilla. Les interrumpió diciendo.

¿Uweinat? Eso es lo realmente importante. Estamos hablando de meternos en el desierto.

Uweinat es una cadena montañosa que hace frontera entre Egipto, Libia y Sudan. A unos 40 kilómetros del muelle llamado Ain Dua. En el lado Libio. Un explorador Egipcio llamado Ahmed Hassanein fue el descubridor de esa zona Montañosa. Lo hizo en 1923. Atravesó los primeros 40 km de la montaña sin llegar al final. El desierto ya es peligroso por sí mismo. Pero un lugar fronterizo como ese más todavía. Allí los secuestros a turistas están al orden del día. Milicias, paramilitares. Gente que se esconde de la justicia. Barbaros y ladrones.  De los que solo se puede escapar hacía la muerte del desierto. No me extraña que te dijera que Imhotep que:

“Si danzas la música de la flauta al son del alado negro allí morirás”

El desierto no es una broma. Mucho menos en esa zona.

No podemos ir allí. Esto comenzó como una aventura divertida. Unas vacaciones diferentes. Pero hemos vivido cosas demasiado extremas. Nos han secuestrado y a ti dado por muerto. Esto se acaba aquí. No vamos a ir al desierto.

Yuan oía las palabras de Alya mientras en su mente resonaban las de Imhotep.

Solo decirte una última cosa en agradecimiento. Igual que la ribera del Nilo es ahora, antes era el Sahara. Aquello que buscas está en Uweinat. Pero has de saber. Si danzas la música de la flauta al son del alado negro allí morirás. Solo tú decides si iras.

 

Solo tú decides si iras.

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