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Yuan. Capítulo 24

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Yuan. Capítulo 24

Mañana viernes es uno de mayo día festivo. El sábado 2 de mayo podemos salir a pasear y hacer deporte. Por tanto ducharos, afeitaros o depilaros, vestiros con vuestra mejor sonrisa. Seguir todas las normas establecidas y tomar las precauciones necesarias y salir a dejar que el sol acaricie vuestra piel. Un saludo, un abrazo y un beso. Nos volvemos a conectar el próximo lunes con el siguiente capítulo.

 

Capítulo 24

La tumba de Wahtye   (segunda parte)

 

Yuan se sentía contento por haber llegado hasta donde lo había hecho. No estaba tranquilo del todo. En realidad lo difícil, se suponía estaba aún por llegar. Cierto que no había encontrado a esas horrible criaturas de dientes afilados, ni aquel espantoso espectro con la flauta hecha de hueso humano. Tal vez la idea de encender el aceite y dar luz al pasillo había funcionado o tal vez no ¿Quién sabe? Pero una vez superado el pasillo, entregado el manuscrito y las ofrendas a la diosa Ammut. Solo quedaba mirar adelante con una mezcla de intriga, miedo, y determinación. Intriga por ver si las ideas que habían pensado para pasar las trampas funcionarían y si así lograría pasar sin despertar a esos temibles seres. Miedo por muchas cosas, la primera era evidente el peligro; la segunda por como saldría de allí. Después de entrar, se entretuvo un poco para ver si se podía volver a abrir y le pareció imposible. Determinación porque sabía que tenía que estar allí y que tenía que hacer lo que estaba haciendo aunque sinceramente no comprendía al 100% el porqué.

Siguió adelante y llego ante el jeroglífico

In-Tep

 

Hablaron largo y tendido los tres; antes de que Yuan viniera; sobre como pasar esta sala. No encontraban ninguna solución. No sabían que hacer para vencer al espíritu que se transformaba en mono y en perro. Creían que la transformación en mono era la que usaba el demonio para atacar y luego se transformaba en perro para arrancarles la cabeza. Luego más que un plan tuvieron una idea. En estos momentos y ante el símbolo de In-Tep Yuan ponía todas sus esperanzas en que funcionara. Ahora le parecía tan absurdo o más que cuando se les ocurrió. De todas formas no tenían alternativa. Se basaron en la suposición que el espíritu siempre estaba en la forma de perro. Solo cambiaba a la forma de mono cuando quería atacar. Les pareció que un perro es vigía, es guardián y sería la forma normal para vigilar la entrada. A esa suposición le añadieron que su última forma es la del perro. En esa forma es cuando Yuan lo vio por primera vez. En la forma de perro arrancando la cabeza a alguien que había intentado entrar. También fue en la última forma que lo vio, cuando se fue de la sala persiguiendo al gato. Más que fe, tenía la imperiosa necesidad de que aquello funcionara. Así que hecho mano a la mochila y saco un gato. Lo acarició un poco antes de lanzarlo dentro de la sala. Lo que más deseaba en ese momento era que el diablo no estuviera o no existiera. Que en caso de encontrase allí fuera en la forma de perro. Por último que fuera como fuera, que esto funcionase. Solo habían pasado unos segundos desde que había lanzado el gato a la sala. Le parecía una eternidad. No sabía qué hacer ¿Seguía? ¿Se esperaba un poco más? Andaba arriba y abajo como pensando que hacer. No tuvo que pensar más. El gato salió corriendo a toda velocidad. Un viento intenso que pasó detrás del gato lo lanzo al suelo. Se sentía alegre la idea había funcionado. ¿Pero…? Ufff si la idea había funcionado era entonces que todo aquello era cierto. Que estaba superando unas pruebas en las que se jugaba la vida. No sabía de donde había salido ese viento. Sin embargo el viento parecía que persiguiera al gato. Cuanto menos apareció después de pasar el gato a toda velocidad. No había visto a ningún demonio ni perro. De todas formas esa era la idea. Superar las salas sin verlos.

Sobrepaso el jeroglífico de In-tep paso por la sala sin ningún problema. Vio algo que le hizo recorrer un escalofrió por la espalda. Una jarra gigante rota. La recordaba perfectamente. Había visto cómo se rompía cuando el gato de Imhotep peleaba en forma de tigre con el demonio In-Tep. Sin decir ni una palabra siguió avanzando. A cada paso veía cosas concretas que había visto en el sueño. Ya no cabían las dudas. Se estaba jugando la vida. O tal vez era solo un siervo, un títere en las manos del destino. Quizás estaba bailando al son de la flauta de aquel ser infernal de alas negras. Mientras pensaba esto; su cabeza empezó a girar como si respondiera diciendo no a sus pensamientos. Entonces empezó a hablar en voz alta como imhotep hiciera miles de años atrás. Yo dirijo mi destino. Estoy aquí para ayudar a alguien aunque este muerto. Estoy aquí para ayudar a un antepasado. Estoy aquí porque quiero. Estoy aquí porque vivo. Estoy aquí porque creo mi destino paso a paso.

Acabadas de decir estas palabras, hizo lo más sorprendente que nadie se pudiera nunca imaginar. Se puso a bailar en la sala mientras en sus labios se podía oír una canción de Joan Manel Serrat. Una canción basada en una obra de Antonio Machado. Hablaba sobre el camino. Camino como concepto del gran viaje, de toda la vida consumida, de la que ha quedado atrás. Revindica el camino como presente, recordando ese pasado, pero evitando que nos obsesione, ni él ni el futuro, a la hora de marcar nuestro destino.

Era increíble, era algo atónito, era para quedarse boquiabierto, desconcertado. Yuan estaba bailando mientras susurraba la canción Caminante no hay Camino. Elevando la voz cuando llegaba al estribillo de la canción.

 

Todo pasa y todo queda
Pero lo nuestro es pasar
Pasar haciendo caminos
Caminos sobre la mar

Nunca perseguí la gloria
Ni dejar en la memoria
De los hombres mi canción
Yo amo los mundos sutiles
Ingrávidos y gentiles
Como pompas de jabón

Me gusta verlos pintarse de sol y grana
Volar bajo el cielo azul
Temblar súbitamente y quebrarse
Nunca perseguí la gloria
Caminante son tus huellas el camino y nada más
Caminante, no hay camino se hace camino al andar

Al andar se hace camino
Y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
Se ha de volver a pisar
Caminante no hay camino sino estelas en la mar

Hace algún tiempo en ese lugar
Donde hoy los bosques se visten de espinos
Se oyó la voz de un poeta gritar
Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Golpe a golpe, verso a verso
Murió el poeta lejos del hogar
Le cubre el polvo de un país vecino
Al alejarse, le vieron llorar
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar

Golpe a golpe, verso a verso
Cuando el jilguero no puede cantar
Cuando el poeta es un peregrino
Cuando de nada nos sirve rezar
Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Golpe a golpe y verso a verso
Y golpe a golpe, verso a verso
Y golpe a golpe, verso a verso

 

De esta guisa, bailando lentamente. Elevando la voz desde el susurro y volviéndola a bajar. Se deslizo arriba y abajo de la sala sintiendo que el controlaba sus decisiones. No aquello que sucedía, no aquello que había de acontecer. El solo controlaba sus decisiones y la actitud con la que se enfrentaba a las situaciones que le deparara el destino.

Se plantó frente al jeroglífico de Chery-benut. El segundo demonio. Un demonio, con apariencia inespecífica y con cabeza humana. Un reto a ti mismo, a tus miedos. Entró a la sala de espaldas. Sin mirar y se dirigió de forma precipitada al lateral de la misma. Velozmente cogió un espejo. Y lo sostuvo frente a él. Se sorprendió al ver que el espejo reflejaba por ambos lados. Por un momento le pareció ver un reflejo detrás de él además del suyo. Rápidamente se giró y mantuvo el espejo igual que lo hiciera Imhotep. Traspaso la sala andando sin mirar. Solo veía su reflejo. Solo se veía a si mismo mientras andaba. Se sentía seguro, se sentía poderoso. Se sentía calmado. Una vez superado el segundo reto llegó al jeroglífico del tercer demonio. Ikenty. El de aspecto de ave con la cabeza de gato negro. Un guardián feroz,  de la entrada que lleva a la zona restringida.

Habían debatido mucho Akil , Alya y Yuan sobre qué hacer aquí. Sobre cómo superar esta trampa sin despertar a Ikenty. No habían encontrado ninguna idea. No sabían que hacer. Parecía más; una prueba de sinceridad, de intenciones, que otra cosa. No se les había ocurrido nada. Yuan se quedó por unos segundos pensando. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?  Como un relámpago le apareció una idea. Estaba allí para devolver el amuleto. Así que se sacó el colgante del cuello y entro con él entre sus dos manos como si de una ofrenda se tratara.

Para sorpresa suya. No había ni rastro de Ikenty. Ni de la puerta llameante. Él de todas formas siguió andando de la misma manera. Al acercarse algo más, donde debería haber la puerta había el mismo relieve que le abrió la entrada a este lugar. El mismo, que bajo la ciudad sumergida. Sin ni un solo ápice de duda lo introdujo allí. Igual que las anteriores veces lo giro. Una puerta se abrió. Pero esta vez el amuleto fue tragado por la pared. Por la supuesta puerta de la casa de Osiris. Desaparecido el amuleto la puerta empezó a cerrarse lentamente. Yuan pasó corriendo dentro. Era un pasillo muy estrecho. Al entrar rompió algo no sabe exactamente el qué. Pero el pasillo comenzó a llenarse de arena y piedras. Empezó a correr al hacerlo notaba que rompía algo al pasar. No sabía si era un mecanismo que producía el derrumbe ni si era el mismo quien lo accionaba. Solo podía correr. Hacía una luz cada vez más pequeña. Era una puerta, una ventana para escapar de allí y se estaba cerrando. Corrió a toda velocidad. Justo a punto de salir se golpeó la cabeza y todo quedó oscuro en su mente.

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