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Yuan. Capítulo 23

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Yuan. Capítulo 23

Hola a todos. Desde mi confinamiento escribo un capítulo cada día de lunes a jueves excepto festivos para abrir la puerta a nuestra mente y que pueda salir a distraerse. Un abrazo virtual para tod@s.

 

Capítulo 23

La tumba de Wahtye

 

El sacerdote real Wahtye. Con esas palabras en la mente, se despertó Yuan. Parecía imposible a penas se había dormido 15 minutos. Todo lo que había visto en aquel sueño le pareció increíble. ¿Sería verdad? No podía acabar de creer lo que le había sucedido. La anciana del mercado le había dicho que fuera a Saqqara  y le había contado parte de un sueño. Él había soñado la misma parte y visto el resto. Su mente se debatía. ¿Es esto real? O ¿estoy tan influenciado por lo acontecido que todo me lo he imaginado yo solo? Entró a la casa. Akil y Alya aún seguían buscando información. Nada había cambiado. Solo había dormido unos minutos. Esta era la realidad. Aunque por unos momentos se hubiera transportado en un sueño a otro lugar. Dudaba sobre si explicárselo o no. Entonces les llamo la atención.

Chicos tengo que contaros algo. Vais a alucinar. En ese momento levantaron las cabezas para dejar de mirar documentos y prestarle toda la atención. Akil se levantó y al hacerlo tiró sin querer una pequeña figura que estaba encima de la mesa. Se agachó a recogerla. Mientras lo hacía se puso a hablarle a la figura.  Mi querida Ammut. Alguno de tus demonios habrá querido que pierdas tu forma de piedra o tal vez, simplemente te ha liberado del granito.

Yuan palideció. Justo cuando iba a contar la historia del sueño. Se rompe una estatua de piedra de la diosa que preparo las trampas. Uff demasiadas casualidades.

Akil le pregunto: ¿Qué te ocurre Yuan? Pareces pálido ¿Qué nos ibas a contar?

Yuan: ¿Akil, Alya, creéis en las maldiciones?

Akil no dejo responder a Alya diciendo un rotundo si.

Yuan: He tenido un sueño en el que hay una maldición que no os puedo contar. Tengo que comprobar si ese sueño es cierto o no. No puedo quedarme con la duda. Pero hay unas cuantas condiciones. Tendré que ir solo a comprobarlo.

Alya: ¿Solo? Pero…

Yuan: Confía en mi Alya. Tengo que ir solo.

Akil: Alya las maldiciones existen y se cumplen, créeme.

Alya asintió y no dijo nada más.

Yuan: Como decía tendré que ir a comprobarlo solo. De todas formas y por decirlo de alguna manera; tengo que pasar por tres lugares o etapas. Sin despertar a ciertos espíritus.

Así que os contaré solo lo que yo creo que puedo contaros y espero no equivocarme con lo que voy hacer.

Yuan empezó a relatar las partes que le parecieron oportunas sobre el sueño. Akil y Alya le escuchaban asombrados. Yuan se centró más que en explicar el sueño en cómo superar algunas trampas o maldiciones que podrían despertar a ciertos espíritus. Le resultó complicado poder explicarlo. Era complejo cambiar cosas y situaciones para no desvelar algo que pudiera poner furiosa a la devoradora de corazones Ammut.

Charlaron el resto del día hasta al anochecer. Yuan ya estaba preparado para partir. Una mochila llena de objetos para superar ¿qué? Si tal vez en realidad no había ningún sitio al que ir a devolver ese amuleto.  Todo eso le parecía una locura.

Era ya medianoche cuando se encontraba en Saqqara. No sabía a donde ir. No sabía por dónde empezar. Se sentó dejando a su lado la mochila que había preparado para esa pequeña aventura, suponiendo que se realizara. Estaba allí sentado y perplejo. ¿Dónde ir? Solo recordaba las últimas palabras del sueño. A los pies de Saqqara.

A los pies de Saqqara que demonios significaría eso. Solo hacía que repetirse mentalmente pies, pies, pies, Saqqara, pies, Saqqara. A los pies de Saqqara.

Súbitamente le vino un recuerdo a la cabeza. En el museo del Cairo había expuesto un fragmento de la base de una estatua del rey Dyoser. Del que sólo se conservan sus pies. . En la parte frontal de la base se podía leer entre otras cosas el nombre de Horus, algo sobre el rey Neterierjet dentro de su serej, el nombre y varios de los títulos que ostentó Imhotep: “Portador del sello del rey del Bajo Egipto, primero después del rey, administrador del palacio, príncipe hereditario, sumo sacerdote de Heliópolis, maestro artesano de los escultores y albañiles…”

¿Quizás podría ser eso? Los pies de Saqqara. ¿Pero dónde los habían encontrado? ¿Dónde? ¿Dónde?…

Sigió sentado con los ojos cerrados apretándolos como si buscaran por dentro la solución. Sus manos extendidas como si trataran de coger algo. Estaba buscando la respuesta en su cerebro. ¿Dónde?…

Repentinamente lo encontró en su memoria. Esos pies eran los restos hallados al sur del  complejo funerario del rey Dyoser. Tenían que ser esos los pies de Saqqara. El rey Dyoser era el que había encargado a Imhotep la construcción de la pirámide escalonada de Saqqara. Bajo sus pies estaba el símbolo de Horus. Muchas casualidades se reunían en esos pies.

Recordó también que el templo funerario está situado al norte de la pirámide.  Un pasadizo cercano conduce a los niveles inferiores de la pirámide y la cámara funeraria que contendría el sarcófago del faraón. Pero al sur del complejo cerca de la muralla decían que había una cámara de granito y una sala con estelas, cuya función era desconocida. Las estelas o inscripciones, suelen tener símbolos conmemorativos, funerarios, religiosos, mágico-curativos o geográficos. Pero nadie había podido descubrir para que servía aquella sala.

Yuan guiado solo por su intuición. Se dirigió hacia esa sala. Evitando los vigilantes del lugar. Llego a la sala. La luna era llena había bastante luz. Saco la linterna y empezó a buscar. No sabía que buscaba. Solo buscaba. Se agacho para ver algo que le pareció interesante y apoyo su mano en la pared. Alumbró lo que quería ver, pero no pareció darle ninguna pista de nada. Al ir a levantarse, se dio cuenta que el lugar donde tenía apoyada la mano, era un relieve del ojo de Horus. Idéntico al que encontró en su día en la ciudad sumergida.

Sin dudarlo puso allí su amuleto como lo hiciera días atrás en la ciudad sumergida y probo a girarlo. En aquel momento se abrió una puerta a unos metros de él. Cogió la mochila y entró en el lugar. La puerta se cerró tras él. Acababa de quedarse atrapado en un lugar que nadie conocía y nadie sabía que estaba allí. Lo más normal hubiera sido entrar en pánico. De alguna forma extraña se sentía como Imhotep en el sueño. Sentía que tenía que estar allí. No sabía a donde iba. Solo sabía que tenía la completa determinación de seguir el camino.

No estaba seguro de si era el lugar. Parecía el pasillo oscuro donde aparecieron esas temibles criaturas de dientes afilados. Encendió su mechero y se acercó al lateral de la pared. Allí pudo ver algo que recordaba haber visto al final del pasadizo oscuro. Era como un pequeño canal que se extendía por todo el pasillo. Sacó de la mochila, la que había sido su primera idea. Una gran lata de aceite de quemar. Lo derramo en el canal y este iba deslizándose. Le prendió fuego con el mechero y el pasillo se iba iluminando a la vez que el aceite viajaba por el canal. Hizo lo mismo en el otro lado de la pared. El pasillo quedó totalmente iluminado. Las criaturas de la oscuridad ya no podían estar allí.

Siguió andando hasta que vio la imagen de Ammut. Era el momento de saber si lo que habían ideado entre los tres funcionaría. Era el momento de saber si realmente podría escapar de las batallas y engañar a los espíritus. Hasta este momento no sabía si creer todo lo que había soñado pero ahora mejor no dudar. Solo la determinación de avanzar y los nervios de lograrlo. Él no era Imhotep. Tal vez sí que era un descendiente muy, muy, muy lejano. Pero Yuan tenía claro que no hablaba la lengua del cosmos, ni era capaz de hacer la magia que hacia Imhotep.

Antes de pasar por debajo del símbolo de Ammut. Recordó la conversación que tuvieron a tres bandas Akil, Alya y él.

Akil había recordado una vieja historia sobre la diosa Ammut la devoradora de corazones. Una trágica historia. Antes había tenido otro nombre que Akil no recordaba. Era una diosa muy bella. Todos los hombres le entregaban su corazón. Pero ella no los aceptaba. Pues se había enamorado de alguien muy especial. Una noche estaba muy contenta su amado iba a declararle su amor. Le prometió traerle unas ofrendas de amor y que esa noche le entregaría su amor, su corazón a ella y solo a ella. Su amado no se presentó. Ni aquel día ni ninguno. Su belleza empezó a marchitarse ante la desesperación por su amado. Día tras día sufría por no saber nada de él. Por lo visto tal era su sufrimiento que alguien para apiadarse de ella le dijo que su amado no volvería porque se había ido con otra. Desde aquel día su desesperación se convirtió en odio. A tal punto que acabo convirtiéndose en Ammut la devoradora de corazones. Con el tiempo también la devoradora de muertos. Pues lo acabo buscando tanto en el mundo de los vivos como en el de los muertos. Lo más triste es, que la realidad es, que su amado nunca acudió porque un ladrón lo mato para quitarle las ofrendas que llevaba.

Así que Akil le redactó un pergamino en la lengua de los jeroglíficos explicando lo sucedido a su amado y habían preparado una gran cantidad de ofrendas a la antigua usanza. Yuan dejo el pergamino y las ofrendas frente a la imagen de la diosa.

Su determinación era tan grande como su preocupación. No habían aparecido las criaturas del pasillo y había hecho una ofrenda a la diosa Ammut. Pero aún le quedaba pasar las tres salas, saber donde debía dejar el amuleto y lo más importante ¿Cómo saldría de allí?

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