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Yuan. Capítulo 22

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Yuan. Capítulo 22

Hola a todos. Desde mi confinamiento escribo un capítulo cada día de lunes a jueves excepto festivos para abrir la puerta a nuestra mente y que pueda salir a distraerse. Un abrazo virtual para tod@s.

 

Capítulo 22

Las tres pruebas

 

Yuan seguía durmiendo en el porche de casa de Akil. Al dormirse se encontró en el mundo de los sueños con Imhotep. Él seguía como mero espectador de aquello que había acontecido miles de años atrás.

No sabía que buscaba Imhotep, o a donde iba. Solo sabía que tenía la completa determinación de seguir el camino. Pese al aviso de tres pruebas que había anunciado Ammut. La que se alimenta de corazones, la devoradora de muertos. Pese a todo Imhotep seguía caminando.

Llego a la primera sala.

In-Tep

En la entrada solo decía eso In-tep. Imhotep hablaba; se puso a hablar en voz alta. Como si narrara, como si supiera que alguien tenía que escuchar las explicaciones que mencionaba. In-tep es un demonio. La gente cree que tiene la apariencia de un perro con similitudes a un babuino. La realidad es que puede ser las dos cosas.  Se encarga de decapitar a los intrusos que entran en lugares sagrados. Cuando tiene la forma de perro, te arranca la cabeza de un mordisco. Se tocó el amuleto que llevaba al cuello. Era el que le había entregado a Yuan la anciana, sin duda. En un rincón de la sala se oía un ruido de lucha. Allí había alguien más. Imhotep se acercó a ver que sucedía. La imagen era aterradora. Un perro gigante estaba tumbado con las patas encima de una persona. Estaba inconsciente como si acabara de golpearse. En el momento que recuperó la consciencia y antes de que pudiera gritar las fauces del perro le arrancaron la cabeza. El perro levanto las orejas y luego el resto de del cuerpo para dirigir su mirada hacia Imhotep. Al verlo escupió la cabeza que aún tenía entre sus dientes. Esta fue a parar a la otra sala. El perro empezó a desvanecerse para acabar convirtiéndose en un gigantesco babuino. Con unos afilados dientes y grandes colmillos que aterrorizaban. Imhotep volvió a pronunciar las mismas palabras que hiciera antes. Su gato se volvió a convertir en un gran tigre blanco. Depredador del mono. Se enzarzaron en una lucha épica. El tigre poco a poco ganaba terreno. Todo anunciaba la victoria del tigre. Un zarpazo del tigre envió al mono a un rincón y mientras le sangraban las heridas hechas por la zarpa, empezó a desvanecerse. Para convertirse de nuevo en un gigantesco  perro. Más grande que el tigre. Con la fuerza de un tornado gruño en dirección a su oponente y su aliento paralizo al tigre. Al acercarse lentamente a él. El tigre se volvió a convertir en gato. Le dio un zarpazo en el morro y comenzó a correr en dirección a la salida. Es decir, por donde habían entrado. El perro salió corriendo tras é,l pasando tan cerca de Imhotep que casi lo derriba. Imhotep antes de ponerse a andar hacía la otra sala solo dijo. Espero que lo entretengas un buen rato.

Parecía no tener miedo. Parecía que en todo momento sabía aquello que tenía que ocurrir. Parecía que sabía a qué se enfrentaba.

 

 

Llego a la segunda sala.

Chery-benut

 

He igual que hiciera en la anterior sala. Imhotep se puso a hablar en voz alta. Chery-benut es un demonio, con apariencia inespecífica y con cabeza humana. Es un reto a ti mismo, a tus miedos.

En esta sala no había oscuridad en ningún rincón. Además de las antorchas había espejos en las paredes, que reflejaban las luces de las antorchas. No eran espejos como los de la actualidad. Eran discos metálicos de alguna aleación, que estaban cuidadosamente pulidos, a fin de que pudieran reflejar la figura de quien lo mirara. Los propios espejos se reflejaban unos a otros  y la luz allí parecía la del propio sol al amanecer. Al entrar, lo primero que vio fue la cabeza que minutos antes escupió In-Tep, cuando había adoptado la forma de perro. Al acercarse un pequeño remolino de aire empezó a hacer levitar la cabeza. De repente la cabeza abrió los ojos y mirando fijamente a Imhotep empezó a transformarse el aire bajo la cabeza en un cuerpo. El mismo e idéntico cuerpo de Imhotep. Solo que mantenía la forma de la cabeza decapitada. Ambos se agarraron al cuello de la misma forma y con la misma postura. Imhotep parecía ahogarse, diríase que tal vez el cuerpo del contrario tenía algo más de fuerza que él mismo. No mucha más pero la suficiente para decantar la balanza a favor del demonio.

Imhotep empujo al demonio lejos de él. Entonces gritó usando la lengua de “Hekau”, la lengua del cosmos. Mientras se tocaba el colgante. Acto seguido aparecieron tres Halcones blancos que se dirigían a atacar al espíritu. Este solo hizo un gesto con la mano y también aparecieron tres halcones en este caso negros. Se enzarzaron en lucha los halcones y poco a poco se notó la superioridad de los negros. Imhotep volvió a hablar la lengua del cosmos. Los halcones blancos desaparecieron y encima de su cabeza apareció un disco de oro. El mismo con el que a veces se representaba a Horus. El diablo hizo el mismo gesto y desaparecieron los halcones negros y en su cabeza apareció un disco negro como el azabache. El disco de Imhotep empezó a lanzar una luz potente como la del sol. El disco del diablo la absorbía como si nada sucediera. El diablo se acercaba a Imhotep y esta vez fue el diablo quien cogió el cuello a Imhotep. Los discos desaparecieron. Imhotep intentaba también ahogar al demonio. Le empezaba a faltar el aire. Cayó de rodillas. Por un momento se miró al espejo. Se vio a sí mismo y al diablo pero en el espejo no tenía su cuerpo. En el espejo se veía como al principio. Solo una cabeza que levitaba por el efecto de un remolino de viento bajo ella. Entonces realizó un último esfuerzo para apartar las manos del demonio de su cuello y más que gritar esta vez susurró con la poca fuerza que le quedaba. “anj”, homónimo de “vida” y también el nombre con el que se denominaba al espejo en el antiguo Egipto. Al hacerlo el espejo acudió a sus manos. Lo sostuvo en sus manos entre él y el espíritu. No sé qué es lo que el espíritu vería reflejado en el espejo pero soltó un grito de espeluznante terror. Y se desintegraba frente al espejo. Hasta que de la cabeza solo quedo polvo y el aire que la sustentaba desapareció.

 

 

El tercer demonio

Ikenty

 

Imhotep seguía avanzando. Sin haber llegado aún al tercer demonio volvió a hablar en voz alta. Ahora me encontraré con Ikenty. Tiene el aspecto de una gran ave con la cabeza de un felino negro. Es el portero de la casa de Osiris. Un demonio que actúa de guardián feroz,  de la entrada que lleva a la zona restringida. Centinela de un portal en llamas que conduce a un espacio reservado a unos pocos. Conocido por su rapidez de ataque y el control ejercido sobre aquellos que se presentan ante él. Felino y ave a la vez. Rápido y listo como ambos animales. Capaces de jugar con sus presas antes de matarlas. Conocedor de tácticas de batalla tanto como cazador y como cazado. Es un digno vigilante al que nunca nadie ha podido superar. Nada nunca más se supo de los pocos que llegaron hasta él. De una parte remota y oscura respondió una voz diciendo: Así es. De repente unas llamas iluminaron y rodearon una gran arcada. Un paso hacía otro lugar. No había puerta pero las llamas no permitían ver nada. Las llamas eran la propia puerta. La vista de esas llamas había captado toda la atención de Imhotep. Un par de metros más adelante y  a la derecha se vislumbraba la majestuosa figura de Ikenty. Parecía una gran águila pero su cabeza negra de felino le miraba directamente.

Imhotep se detuvo y le pregunto. ¿Has sido tu quien ha hablado?

Ikenty: ¿Quién si no?

Imhotep: ¿Me atacaras?

Ikenty: No necesito atacarte.

Imhotep: ¿Puedo pasar entonces?

Ikenty: ¿Cuál es tu motivo?

Imhotep: Vengo a recoger el ojo de Horus de casa de Osiris.

Ikenty: Lo sé avanza un paso. Unos pocos elegidos pueden pasar y unas condiciones han de cumplir.

Imhotep: Dímelas.

Ikenty: La más importante. Nadie sabrá jamás que has estado aquí. Pues este lugar es divino y los mortales no pueden nada contar sobre él.

Imhotep: No hay problema

Ikenty: Avanza un paso entonces

Imhotep se dispuso a avanzar un paso con su pierna derecha y mientras lo hacía, está se convirtió en piedra. Desde el pie hasta casi la rodilla sin llegar a ella.

Imhotep: ¿Qué me has hecho porque?

Ikenty: Tus mentiras te pesaran. Has dicho que no se lo contaras a nadie. Ahora mismo hay un observador en el mundo de los sueños a quien tú le estas mostrando lo que sucede.

Imhotep: Es cierto, pero si tú sabes eso. Es que al final me dejaste pasar. Puesto que quien está viendo esto es de un futuro de miles de años. Lo traigo para que aprenda.

Ikenty: Cierto es que tal vez pasaras. Pero estas frente a un lugar divino y lo que aconteció puede ser borrado. Cierto es también, que él tiene que aprender viendo como tu aprendes.

Imhotep: ¿Que he de aprender?

Ikenty: Que si mientes morirás aquí convertido en piedra pasaras a formar parte de las estatuas de la casa de Osiris. Que si alguna vez lo cuentas sucederá una de estas dos cosas: Morirás o tu memoria perderás. Ahora ya puedes avanzar puesto que aquello que vienes hacer es orden divina y has mostrado ser apto. Avanza sin miedo.

Acabadas las palabras de Ikenty la pierna de Imhotep volvió a la normalidad. Se puso a andar hacia las llamas y las cruzó. Nada se vio de lo que dentro aconteció. Allí acabo lo que se debía mostrar.

Yuan sabía que había llegado el final de la historia, pero no sabía cómo o porqué se le había mostrado.

Entonces un Imhotep mucho más mayor se presentó ante Yuan y le dijo: Este lugar que has visto es donde tienes que llevar mi amuleto. Busca la entrada a este lugar enterrado. Ubicado a los pies de las pirámides de Saqara. Hazlo solo y nunca hables de lo divino. Solo se puede cuando obtienes permiso y tú no lo tienes. Otra cosa. No puedes luchar con los demonios puesto que morirías. Tendrás que ingeniártelas para pasar.

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