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Yuan. Capítulo 21

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Yuan. Capítulo 21

Hola a todos. Desde mi confinamiento escribo un capítulo cada día de lunes a jueves excepto festivos para abrir la puerta a nuestra mente y que pueda salir a distraerse. Un abrazo virtual para tod@s.

 

Capítulo 21

Imhotep y Yuan

 

Yuan se lo había prometido a la anciana y había decidido ir. Alya no dudo en acompañarle. No es que ninguno de los dos acabara de creer o no en la historia que le había contado la anciana. Aunque de una cosa no había duda. Gracias al amuleto que le había regalado, encontraron el ojo de Horus. Yuan sentía una mezcla de obligación y agradecimiento.

Saqqara está prácticamente al lado del Cairo. Así que su base sería la casa de Akil. Fueron allí después de hablar con la anciana. Los tres se pusieron a buscar información. Dedicaron el resto de la jornada a investigar sobre Imhotep y su relación con el sacerdote real llamado Wahtye. La verdad es que había muy poca información. Sobre el sacerdote real Wahtye, averiguaron que fue sacerdote del faraón Nefer Ir-Ka-Re. Poca información había sobre este sacerdote y mucha sobre Imhotep. Quizás la más relevante que habían encontrado era que el diseñó de la Pirámide escalonada de Saqqara era del propio Imhotep. Era un complejo funerario. Siendo tan importante este sacerdote ¿podría ser que Imhotep hubiera hecho alguna cosa que después fuera aprovechada por el sacerdote? En cuanto a Saqqara en 1979, el conjunto de Menfis, sus necrópolis y campos de pirámides (Guiza, Abusir, Saqqara y Dahshur) habían sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, con el nombre de Menfis y su necrópolis. Las zonas de las pirámides desde Guiza hasta Dahshur. Estaban catalogadas de tipo cultural.

Pero era poco probable que Imhotep hubiera conocido o hecho nada para el sacerdote real Wahtye. Del sacerdote se sabe que sirvió al faraón Nefer Ir-Ka-Re. Eso fue aproximadamente entre el 2483 a. C. y el 2465 a. C. En cuanto a Imhotep su época es entre el 2690 – 2610 a. C.

Imhotep y el sacerdote tenían en principio más de un siglo de diferencia en sus historias. No había manera de relacionarlos. El sueño de la anciana no parecía tener ningún sentido. De todas formas ¿Quién le buscaría sentido a un sueño? o peor aún ¿Quién creería en un sueño?

El plan de visitar Saqqara seguía en pie. La posibilidad de hacer cualquier cosa provechosa era lejana. Dejo a Akil y a Alya enfrascados en buscar información para salir a tomar un poco el aire. Salió al porche de la casa y se sentó en el balancín que allí había. No sabía que pensar. Él siempre había confiado en su “habilidad con los sueños”. Luego recordó la historia que le contaron sobre la tal Dorothy Eady aquella mujer inglesa que realizó hallazgos aquí en Egipto. Gracias a sus visiones o “sueños” y de nuevo a parecían los sueños con la anciana. Pero hay no acababa la cosa. Ahora se suponía que él mismo era descendiente de Imhotep. Rey y mago de los sueños entre otros muchos títulos. Claro que esa supuesta descendencia venía también explicada por un sueño.

Se sentía bien balanceándose en el banco. Se estaba durmiendo. Noto que lo hacía e intento dirigir su sueño como tantas otras veces hubiera hecho. Esta vez no podía centrarse. No podía dirigirlo. Solo veía una gran y espesa niebla gris oscuro que lo tapaba todo. Se durmió mientras intentaba penetrar esa niebla.

Yuan dormía a los ojos de cualquiera que le mirara. Ciertamente así era. Había intentado dirigir un sueño pero parece que había quedado atrapado por el propio sueño.

Cuanto más se adentraba en la niebla más perdido se sentía. No sabía volver. No sabía si estaba arriba o abajo, a derecha o izquierda. Flotaba en medio de la oscura y gris niebla. Tenía la sensación de estar cayendo lentamente. ¿Pero a dónde? Mientras oía ruidos en esa niebla. A veces parecía que se le acercaban otras que se alejaban. Ruidos que le acercaban al miedo. Otras veces eran susurros. Gritos de agonía. Se le erizaban los pelos del brazo. Notaba un escalofrío que le subía por la columna hasta la nuca. Por un momento notó suelo bajo sus pies. Podía andar pero no se veía nada. No sabía hacia dónde. Se quedó quieto y en silencio por un momento. Estaba oyendo unos pasos muy suaves muy sigilosos que lentamente se acercaban a él. Cada vez estaban más cerca. No había duda algo se le acercaba. Estaba muy cerca tanto que ahora podía oír además un pequeño gruñido. El miedo se estaba apoderando de él. Se encontraba sin sentidos impotente ante algo que se acercaba. Alargo las manos girando sobre sí mismo intentando tocar cualquier cosa. Para saber que era aquello. De repente. Algo le rozo su pierna derecha a la altura del gemelo. Sus brazos se quedaron tiesos. Ahora su pierna izquierda. Miro instintivamente hacía abajo mientras le recorría de nuevo el escalofrió. De la nada dos ojos se iluminaron. Le miraban desde el suelo dos ojos pequeños que brillaban. Entre la niebla. Su corazón se aceleró. En aquel preciso instante…  los ojos se enroscaron en su pierna y sucedió lo que menos se podía esperar… empezó a oír un ronroneo acompañado de un pequeño “miau”. Se agacho para tocarlo. Si parecía un gato. El gato se apartó él y se puso a caminar. Yuan hizo lo único que le pareció lógico hacer. Seguir al gato. Los ojos brillantes del gato iban apareciendo y despareciendo. Yuan seguía los ojos como un náufrago seguiría la luz intermitente de un faro. Poco a poco la niebla parecía aclararse. Ya podía ver la silueta del gato y sus ojos habían dejado de brillar. Se veía claridad a lo lejos. Entonces de esa claridad surgió una figura. Su sombra se proyectaba gigantesca. El gato corrió hacia la figura y salto a sus brazos. La figura le habló al gato ¿Me lo has traído? Yuan siguió andando. Prefería saber que, o quien era lo que tenía delante que volver a las tinieblas. Yuan gritó: Muéstrate. Entonces mientras se le acercaba la figura respondió nos parecemos más de lo que imaginaba. Yuan no podía explicárselo pero sabía que estaba delante de Imhotep. La figura seguía hablando. Has hecho bien en seguir a mi gato. ¿Sabías que los gatos son guías para almas perdidas? Esas nieblas que has atravesado son muy peligrosas. Si no te guías bien al despertar, alguien o algo de la niebla, podría seguirte a tu realidad ¿La anciana te contó lo que vio verdad? Pero no lo vio todo. No lo soporto y se despertó. Me alegro de que hayas venido a visitarme. Te mostrare el resto. Igual que la anciana le contara como si viera una película ahora era Yuan el que veía las imágenes de algo que aconteció. Las volvió a ver desde el principio. Todo era tal cual se lo había contado la anciana. La daga que apareció, esa criatura con alas, una flauta hecha de hueso humano etc… llegó el momento en el que la anciana se desmayó. Cuando aparecieron unos ojos que brillaban como los de los gatos a la luz. Su piel entre un color blanco y azul al ver la luz abrieron la boca. Sus dientes eran afilados y en ellos como en su lengua había el rojo de la sangre. Se dirigían lentamente hacia Imhotep. En ese momento Imhotep empezó a hablar en una lengua desconocida. Era la lengua de “Hekau” era la lengua del cosmos, era la lengua de la magia. Su gato creció y se convirtió en un tigre blanco. Sus ojos brillaban como faros. Ante esa luz las criaturas se convirtieron en polvo. Polvo que desapareció llevado por el viento.

 

Yuan como en su día la anciana seguí como espectador de unos acontecimientos sucedidos hace miles de años.

Imhotep volvió a pronunciar otras palabras y el tigre blanco volvió a ser gato.

Dejó atrás lo sucedido para seguir adelante. Seguía un camino ahora iluminado por las antorchas.

Imhotep llegó  a un lugar muy iluminado lleno de jeroglíficos y empezó a leerlos en voz alta.

Entras en territorio de Ammut. El demonio femenino de Egipto, soy parte león, soy parte hipopótamo y soy parte cocodrilo. Los tres animales “devoradores de hombres.  Soy la que se alimenta de corazones. Soy la devoradora de muertos.

Tres pruebas te esperan. Si no las pasas y eres muerto te devoraré y siempre andarás por la eternidad con piel blanca y dientes afilados. Si estás vivo te comeré el corazón. Luego tu cuerpo muerto y no solo vagaras eternamente, sino que también lo harás buscando los corazones ajenos desde la oscuridad. Pareció definir a las criaturas que habían aparecido antes. Imhotep siguió caminando.

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