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Yuan. Capítulo 20

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Yuan. Capítulo 20

Hola a todos. Desde mi confinamiento escribo un capítulo cada día de lunes a jueves excepto festivos para abrir la puerta a nuestra mente y que pueda salir a distraerse. Un abrazo virtual para tod@s.

 

Capítulo 20

El sueño de la anciana

 

Al día siguiente habían decido seguir las vacaciones. Se encontraban paseando en el mercado de Asuan. Un mercado muy exótico. Uno de estos zocos, es el mercado de las especies. Un lugar habitual de compra para la gente del lugar. También había turistas como en todos los lugares. Los precios no estaban tan abultados como en otros mercados más turísticos del país. En este mercado no se ofendían si tratabas de regatear siempre que lo hicieras con una sonrisa y con la real intención de comprar. Además de especias, se podían encontrar túnicas de lino y algodón, calzado, cristalería fina, artesanía y un largo etc. Un mercado lleno de cientos de olores y colores.

Mientras paseaban alguien empezó a gritar a Yuan. Eran los mismos que días atrás conoció en el mercado de Alejandría. Yuan saludo muy contento a la anciana. Mostrándole que aun llevaba el colgante encima. La mujer al igual que la otra vez empezó a hablar sin que Yuan la entendiera. Estaban la anciana el niño y su padre. También les acompañaba una joven. Que era la que esta vez traducía las palabras de la anciana con más claridad.

La joven les explico el motivo por el que habían venido a este mercado. La anciana les contó que tenían que venir aquí para volver a encontrarse contigo.

Alya y Yuan se quedaron algo sorprendidos. ¿Cómo podía saber que estaríamos aquí, si ni nosotros mismos no lo sabíamos?

La joven les continúo explicando que la anciana se alivió después de darle el amuleto. Que su sueño repetitivo ceso. Después de entregarte el amuleto, hizo un ritual. Esa misma noche tuvo un último sueño. Se le había aparecido el Rej-ijet”  que salvó a su antepasada de la muerte. Le daba las gracias por haber entregado el amuleto y le pedía un último favor. Que su amuleto le fuera devuelto.

Yuan hizo el ademan de quitarse el amuleto para dárselo a la anciana. Esta con la mano le dijo que no. Yuan estaba un poco perplejo. Se dirigió a la joven y le dijo no me acabas de decir que tenía que devolver el amuleto. Sin que la joven pudiera contestar a la pregunta de Yuan la anciana le hizo señales para que tradujera. Tenía que explicarle el sueño.

El sueño de la anciana:

“Rej-ijet”  se me presento y me dio las gracias por haberte entregado el amuleto. Me dijo que esta era la última vez que venía a visitarme en el mundo de los sueños. Solo le quedaba por pedirme un favor. Que el amuleto me sea devuelto. Entonces me llevo con él a un lugar muy lejano y antiguo donde me mostró lo siguiente. Él y yo éramos meros espectadores de lo que a continuación vimos.

Era de noche, aunque él estaba a mi lado, la figura que veía andar entre las sombras era el mismo pero más joven. Pensé que me estaba mostrando algo que le aconteció. “Rej-ijet”  como decía andaba por las sobras de un oscuro pasillo. Se le notaba poderoso puesto que andaba despacio y sin miedo. También intranquilo como si el sitio no fuera seguro. La tenue luz de la luna llena, entraba por unas aberturas del techo. Era la poca iluminación que había. El llevaba un gato en la mano izquierda. El gato en ese momento se dio la vuelta para mirar hacia atrás. A la espalda del “Rej-ijet”  y sus ojos se iluminaron. Me asuste al ver los ojos del gato iluminados. Igual que cualquiera que se encuentre de noche un gato y vea esos ojos iluminarse. No era nada comparado con lo que me esperaba por ver. “Rej-ijet”  se giró al ver que se iluminaban los ojos del gato. Solo para ver, como a sus espaldas, aparecía de la nada una daga de hoja curva, en la que se reflejaba la luz de la luna. Se dirigía a él con gran velocidad. Aunque logró esquivarla le corto parte de la túnica que llevaba. Tal como había aparecido la daga desapareció. No llego a ver persona alguna, ni antes ni después de aparecer la daga. Yo no sabía qué hacía allí, pero estaba claro que no era bienvenido. Siguió andando como si nada hubiera ocurrido con el mismo porte de poder. Antes intranquilo, ahora si cabe más vigilante. Más adelante se veía luz. Se acercaba andando hacía ella. Había antorchas en las paredes. No una gran iluminación pero luz. Algo de luz que permitía transitar donde ya no entraba ni la luna. Estaba bajando. Se podían ver algunas imágenes del Dios Seth señor del Caos. Se notaba el mal en aquel lugar. Acabo de bajar las escaleras para encontrar un largo pasillo. Más o menos a la mitad, se podía ver una figura quieta. “Rej-ijet”  se acercaba lentamente hacía ella. Parecía estar sentada de espaldas a él. A medida se acercaba, sonaba la música de algo parecido a una flauta. Una vieja túnica entre negra y gris. Le cubría por completo desde la cabeza hasta el suelo. Al llegar a su altura. “Rej-ijet”  se detuvo y en voz alta le interrogo. ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? La figura sin girarse se levantó. Al hacerlo “Rej-ijet”  pudo ver que medía dos metros o más de altura. Seguramente un escalofrió debió recorrer su espalda igual que le ocurrió a la mía; al ver no solo su altura si no en su mano izquierda, una flauta hecha con el hueso de una pierna. Muéstrate grito “Rej-ijet”. Entonces de debajo de la túnica aparecieron dos alas negras gigantescas. Estaba aterrada ante esa visión. “Rej-ijet” no se movió ni un centímetro de donde estaba y le volvió a gritar: Muéstrate. Lentamente como flotando sobre sí misma la figura se giró. Daba miedo ver a alguien de esa altura, con dos alas negras sobresaliéndole de la espalda. Su cara quedaba oculta bajo la capucha. Desde la oscuridad de la capucha se oyó una voz que decía: Imhotep que prisa tienes por servir a Horus. Es tu destino el que aquí está en juego. El baile de la vida suena en mi flauta y tú eres parte de la música que hoy toco.

Yo temblaba de miedo por ver aquella escena. En la que ahora por primera vez supe el nombre de quien salvo a mi antepasada “Imhotep”. En la escena  Imhotep parecía impasible ante la fantasmagórica figura y le dijo de nuevo: Muéstrate. Antes no pude ver sus manos solo me fije en la flauta de hueso. Ahora su mano derecha que tan solo eran huesos retiraba la capucha hacia atrás. Era una calavera la que hablaba con voz profunda y lenta como si silbara al hablar. Pude ver como Imhotep en ese momento tocó su colgante. El que ahora tienes tú y mientras tocaba el amuleto se dirigió a la figura y le dijo ¿eres el portador de la muerte? A lo que respondió. No, soy alguien muy antiguo más que tu Dios Horus. Soy alguien que pocos llegan a  conocer. Muy pocos son los elegidos que pueden verme. Soy parte de la vida y la muerte de todos. Sé que has venido aquí a salvar a alguien. Si sigues adelante puede que no vivas y si lo haces puedes perder todo tu destino. Si te vas podrás llegar a ser Tesorero del rey del Bajo Egipto, Primero después del rey del Alto Egipto, Administrador del Gran Palacio, Señor hereditario, Sumo sacerdote de Heliópolis, Imhotep el constructor, escultor, hacedor de vasijas de piedra y más. Si te quedas puede que encuentres la muerte y la maldición para la eternidad. Pues quieres arrebatar a la muerte alguien a quien ella ha decidido llevarse.

Yo estaba aterrada. Imhotep seguía altanero y seguro.

Le respondió:

Mi destino es mío. Me protege Horus. Mi destino en el más allá, está en la mano de su padre Osiris. La figura flotante soltó una carcajada siniestra y lúgubre. Yo soy más antiguo y más poderoso que ellos. Eres uno de los pocos elegidos que no danza en mi música, quedas advertido. Sus alas se movieron y con un golpe de viento tiraron al suelo a Imhotep. La figura pasó volando a escasos centímetros de la cara de Imhotep y en los ojos de esta solo había profunda oscuridad. Se alejó volando. Mientras lo hacía solo se oía el batir de sus alas y la música de esa diabólica flauta.

Las antorchas habían sido apagadas donde él se encontraba por el viento levantado. Imhotep se quedó quieto y en silencio por unos segundos, para escuchar. Ya no se oía la flauta pero algo se acercaba a él desde la oscuridad. Oí pasos que se acercaban lentamente a él desde la oscuridad. Corrió en dirección contraria. Pensé que lo hacía para evitar el peligro. Que equivocada estaba. Corrió a coger una antorcha. La lanzó hacía donde oía los pasos. Creí morir al ver esa imagen. Había unas criaturas, que si habían sido alguna vez humanas ya no lo eran. Sus ojos brillaban como los de los gatos a la luz. Su piel entre un color blanco y azul al ver la luz abrieron la boca. Sus dientes eran afilados y en ellos como en su lengua había el rojo de la sangre. En ese mismo momento sentí desmayarme aunque solo era una espectadora. “Rej-ijet”  que ahora para mi tenía nombre era Imhotep me despertó de mi desmayo. Me dijo es importante que ese amuleto vuelva a mí.  Dile al portador que valla a Saqqara y que se la deje al sacerdote real llamado Wahtye. Lo más importante que nunca lo cuente a nadie.

La anciana acabo de relatar, la joven de traducir.

El hombre que acompañaba a la anciana dijo. Esa noche se despertó llena de sudor y nos ha hecho venir a este mercado diciendo que les encontraríamos aquí. No entiendo lo que le sucede si algo divino o locura pero por favor díganle que irán a Saqqara para que pueda quedarse tranquila.

Yuan respondió: Dile que se quede tranquila que iré a Saqqara.

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