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Yuan. Capítulo 16

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Yuan. Capítulo 16

Hola a todos. Desde mi confinamiento escribo un capítulo cada día excepto festivos para abrir la puerta a nuestra mente y que pueda salir a distraerse. Un abrazo virtual para tod@s.

 

Capítulo 16

Aristóteles

 

Alain les llamó al Hotel de buena mañana. Se iba a Egipto. Tal y como prometió el día anterior dedicó el poco tiempo que tuvo a buscar sobre la biblioteca. Alain les dijo: Chicos lo siento no he podido encontrar nada de esa biblioteca. Pero, si conozco a una persona que es experto en libros y bibliotecas antiguas. Lo sabe casi todo al respecto pero es muy reservado. No suele compartir con nadie sus estudios. He hablado con él y estaba muy reticente a deciros nada hasta que le conté lo del grabado. A cambio de que se lo dejéis ver dice que os explicará lo que él sabe. Tendréis que desplazaros a la isla de Rodas. Actualmente se encuentra allí. Se llama Konstantinos. Es además de reservado y todo un experto en la materia un coleccionista. Es su punto débil.

Alya y Yuan volvían a ir de viaje. Al final si parecían unas vacaciones más que una investigación. Si no fuera porque poco tiempo les quedaba para hacer turismo. De todas formas habían sabido aprovechar el poco tiempo libre en Paris, esperaban poder hacer lo mismo en Grecia.

Una vez en la Isla no les costó nada llegar a la casa de Konstantinos. Llamaron a la puerta y les recibió el propio anfitrión diciendo: ¿Alya y Yuan supongo? Les hizo pasar dentro y les llevo a un enorme despacho. Una vez allí fue directo al grano. Me podéis dejar ver ese grabado del que me habló Alain. Alya saco el grabado y lo puso encima de la mesa. Konstantinos lo estuvo mirando en silencio un buen rato. Sin decir nada. Alya y Yuan también mantenían el silencio mientras miraban a Konstantinos susurrar. Parecía leer para sí mismo lo que decía el grabado. Aunque bien pudiera estar diciendo cualquier cosa, porque no se le entendía. Entonces levanto la mirada y empezó a soltar un discurso ante la atenta mirada de los dos.

Alejandro Magno declaró que Alejandría sería el centro intelectual del mundo conocido. Impulsor de la antigua biblioteca de Alejandría. Había sido influenciado por Aristóteles. Se sabe de sobras que Aristóteles es un autor del cual solo tenemos un porcentaje mínimo de lo que en realidad llegó a escribir. La mayoría de textos que sobrevivieron fue gracias a Andrónico de Rodas. Él elaboró el catálogo de todos los escritos aristotélicos. Si recordamos la cita de Estrabón de Amasia: “Hasta donde yo sé, fue el primer coleccionista de libros conocido y fue el que enseño a los reyes de Egipto cómo ordenar una biblioteca” Hay citas y papiros que por un destino fatal no se quisieron divulgar. Son lo que se suele llamar la biblioteca perdida de Aristóteles. Hemos hallado un edificio que creemos que es el mausoleo de Aristóteles y contiene ciertos pergaminos.

Vosotros buscáis una biblioteca que yo llevo buscando hace años. Nadie lo sabe y no se puede dar por certero. Pero según mis investigaciones el propio Aristóteles se habría nutrido de esa biblioteca. De alguna forma él había tenido acceso a ella o a algunos textos de esta.

Alya respondió: No buscamos la biblioteca en sí. Es una pista que nos apareció persiguiendo encontrar la ubicación de la Torre de Babel. Konstantinos se quedó callado mirándoles. Parecía pensar si contarles algo o no. Finalmente se puso a hablar de nuevo. Estoy actualmente ayudando a unos arqueólogos griegos. Se ha descubierto un edificio en unas excavaciones en Estagira. Lugar de nacimiento de Aristóteles. Como os decía antes. Estoy analizando unos manuscritos en los que parece insinuar que este edificio podría ser el mausoleo de Aristóteles. A los arqueólogos encargados, les sorprendió que en medio de una fortificación del periodo bizantino hubiera restos de un edificio, cuyas características no coincidían con esa época ni con eras posteriores. Acudieron a mí con los manuscritos. De ser así podría ser un gran hallazgo para mí. ¿Os podéis ni siquiera imaginar si realmente es la tumba de Aristóteles? La cantidad de cosas que podríamos descubrir. No puedo marcharme de aquí. Y lo siento no quiero que nadie busque esa antigua biblioteca. Si aún existe quiero encontrarla yo.

Yuan con tono conciliador repitió las palabras de Alya. Para nada buscamos esa biblioteca es una casualidad que sepamos de ella. Nosotros seguíamos la pista de la Torre…

Konstantinos volvió de nuevo a quedarse callado. Durante unos segundos andaba arriba y abajo del despacho murmurando. Alya y Yuan se miraban con cara de no entender nada.

Y de nuevo después de la pausa Konstantinos habló: Bien voy a contaros algo. Con una condición. Yuan respondió: dinos esa condición. Konstantinos dijo: Quiero que me traigáis algún antigüedad de allí a donde os envíe, alguna escritura. Alya interrumpió rápidamente. No pensamos robar ni por usted ni por nadie. Konstantinos la interrumpió. Increpando con un tono alto de voz. No hablo de robar. Solo os dejaran acceder si yo se lo pido a Günther. El me conoce y si os envío yo accederá a dejaros algunas piezas para que yo las estudie. Eso no es robar. Alya dijo: No sé si es robar o andar en la línea roja. De todas formas si es con permiso de ese tal Günther cuéntanos quien es y decidiremos.

Konstantinos dijo; entonces tenemos un acuerdo y empezó a relatarles:

Ahora mismo en Abidos el equipo del Instituto de Arqueología Alemán dirigido por Günther están investigando lo que creen que pueda ser la cuna de la escritura. En alguno de los textos que no se quisieron hacer públicos de Aristóteles él hablaba de “Tinita” este es el nombre griego para Abidos. Aristóteles nombra esta ciudad como lugar visitado por el en ocasiones. Lo nombraba como lugar de cultura. También lo mencionó como lugar de culto a Osiris. Por lo visto era un lugar de culto religioso y ya sabemos que antiguamente las religiones eran las que acumulaban el saber y el conocimiento. Es una pista muy endeble. Pero no puedo deciros más. Ese sería mi destino; no para la biblioteca pero si, si tuviera que encontrar algo relacionado con vuestra historia. Allí al parecer había el culto más antiguo dedicado a Osiris. Es la estatua que tenía la tablilla de donde procede este grabado. Allí es donde iría yo.

Entre los tres acabaron de charlar sobre el acuerdo y siguieron hablando un poco más sobre Aristóteles, sobre Osisris, y como Egipto y Grecia en algunos momentos de la historia se cruzaron. Guerras, conquistas, amores, cultura o comercio eran lazos que muchas veces unían patrias distintitas, en diferentes momentos de la humanidad.

Se despidieron de Konstantinos. Tenían que aclarar las ideas. Abidos está en Egipto. Lugar de muchos problemas para ellos. Irse de allí les había dado cierta tranquilidad. Ninguno de los dos en toda su carrera habían sufrido tanto en una investigación por decirlo de alguna manera.

No tenían ganas de hacer nada solo querían pensar. Antes de partir Konstantinos pareció advertir su preocupación y les aconsejo pasear por una cala de la isla; desconocida prácticamente. Un buen lugar para pasear, pensar y distraerse.

Alya y Yuan hicieron caso a Konstantinos. Un hombre parco en palabras. No era muy hablador pero lo poco que decía siempre era interesante.

Paseaban por la playa descalzos. Ciertamente habría sido imposible llegar sin las indicaciones recibidas. Era un lugar paradisiaco. El agua cristalina y un espacio que parecía reservado para ellos. Recordaban lo sucedido, charlaban de todo. No dejaban de andar y divertirse mientras lo hacían. Pero en el fondo sabían que de alguna manera era peligroso. Ellos no eran famosos en este mundo de la historia y la arqueología pero tampoco eran desconocidos. En menos de una semana Yuan había viajado desde España a Irak allí conoció a  Alya y juntos viajaron a Egipto. Desde Egipto a París luego a Grecia y ahora vuelta a Egipto. Como John Smith le dijo. Sus nombres seguro estaban en el radar de los caza recompensas. Sus pasaportes mostraban muchos movimientos en poco tiempo. Si alguno de esos mercenarios pudiera ver sus destinos la cosa emporaba. De España al museo donde encontró a Alya. Desde allí ambos a El Cairo y a participar en los hallazgos de las ciudades sumergidas de Alejandría. Luego no a cualquier lugar de París sino al Louvre a visitar a Alain una persona muy importante en esos momentos como arqueólogo. También en pleno hallazgo. De allí a Grecia para ver a Konstantinos una persona muy reputada en cuanto a lenguas muertas y escritos antiguos. Y Ahora de vuelta a Egipto en este caso a Abidos donde se tenían que encontrar con el Instituto de Arqueología Alemán. Ciertamente, si alguien les siguiera la pista, inevitablemente pensarían que están siguiendo algo.

Su conclusión era clara, su pasión se anteponía a cualquier razonamiento. No habían estudiado sus carreras por otro motivo que el entusiasmo. Les encantaba y les arrastraba el ansia del conocimiento del descubrimiento. No podía existir en realidad ninguna duda. Seguirían adelante. Con cuidado, con preocupación, con atención y con celo. Pero también con esperanza, con decisión, con ánimo y con determinación.

Abidos les esperaba. Günther les esperaba. El destino les esperaba.

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