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Yuan. Capitulo 11

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Yuan. Capitulo 11

Capítulo 11

Resistiré

 

Yuan caía hacia el fondo de la sala, su propia sangre le rodeaba. Mientras lo hacía vio como huían los buzos de negro y se llevaban a Alya. Al tocar fondo. Como si de un interruptor se tratara. En su cabeza empezó a resonar una canción. Era una música que no era de su época. Le gustaba escuchar las canciones que habitualmente sonaban en el viejo tocadiscos de su madre el fin de semana. Tenía bandas sonoras de películas. Le encantaba la del bueno el feo y el malo. Canciones de Menorca pues ella era de allí. Pero la que empezó a sonar en su mente era la de una pareja que a su madre le encantaba. En ese preciso instante se vio a sí mismo una mala tarde saliendo de su casa. Momento en que su madre le puso una canción. Había tocado el fondo de la sala se desangraba y en su mente no podía dejar de oír la música. Y empezó a tararear la letra en su mente.

 

RESISTIRÉ

Cada estrofa que tarareaba parecía estar hecha para el momento que vivía. Para ese instante.

 

Letra de la canción                     Lo que le sucede mientras canta mentalmente

     

 

Yuan había logrado salir a la superficie. Sus gritos fueron oídos por una de las lanchas que estaban de vigilancia. Enseguida le sacaron y le llevaron al hospital.

A la mañana siguiente Yuan se despertó con la boca seca tenía una enfermera al lado. Que le ofreció un vaso de agua; mientras le decía: Mejor que no beba nada aún pero enjuagarse la boca, le irá bien para aliviar la sensación de sequedad que debe tener. En ese instante entraba el médico por la puerta. Era español como él. Alto risueño no parecía que encajara allí. El medico empezó a hablarle mientras miraba los informes de Yuan. Bien, parece que se recuperará sin problema. Una herida muy dolorosa y perdió mucha sangre. Le digo en serio que puede estar muy contento. Su herida no tocó ningún órgano vital. No comprendo cómo está usted aquí. Aún no ser una herida mortal. Si lo fue la cantidad de sangre que perdió usted. Debería haber muerto inconsciente. Le felicito la vida le ha dado una segunda oportunidad. Yuan se incorporó. En ese momento, igual que si le clavaran una aguja, un espasmo de dolor le hizo doblarse. ¿Qué hace usted le pregunto el medicó? Ya le he dicho que ha tenido suerte. No es una herida mortal pero ayer le hicimos una transfusión de sangre importante y tiene usted que descansar. Yuan volvió a erguirse y le dijo: Supongo que no soy prisionero del hospital. ¿Si quiero irme puedo irme verdad? El medico balbuceo si pero… Yuan no le dejo acabar la frase. Entonces me voy. El médico le miró y le dijo: No creo que vaya usted a ninguna parte. Llegó aquí con un traje de neopreno que hubo que cortar para sacárselo. Sin ropa no creo que pueda usted ir muy lejos. Se encuentra usted conmocionado debe descansar. El medico dio media vuelta y salió. Yuan se dirigió hacia el armario de la habitación. Al hacerlo vio que en el otro lado de la cortina había un hombre dormido en la cama con el suero puesto. Abrió el armario y vio un uniforme de conductor de autobús. No dudo un solo momento, lo cogió se fue al lavabo y se vistió. No se sentía seguro en el hospital. Quería irse de allí. Al salir a toda prisa de la habitación, choco con un hombre que vestía de negro. Parecía que se dirigía hacia su habitación. Yuan le pidió perdón. El hombre se sorprendió más por verle la cara a Yuan que por el choque. El hombre de negro le miró como si le conociera. Justo después de chocar dio media vuelta. Parecía como si le persiguiera. Yuan se intranquilizó por un momento. El hombre dejo de seguirle al llegar al teléfono del pasillo y se puso a llamar. Yuan salió por la puerta no sabía a donde dirigirse. Mientras se alejaba del hospital pasó por el lado del parking. No lo podía creer. Había un autobús allí aparcado. Pensó que clase de urgencia debería haber tenido su vecino de habitación para ir al hospital en el autobús.

Noto un pequeño peso en el bolsillo de la chaqueta. Eran la cartera y las llaves de ese hombre. Por un momento le dio pena y en voz alta se dijo a sí mismo: Con quitarle la ropa es suficiente. Le devolveré la cartera y las llaves del autobús. Supuso que eran las del autobús porque el llavero era la viva imagen del autobús aparcado fuera. Al entrar el hombre de negro seguía al teléfono de espaldas a la puerta así que no le vio entrar. Al pasar a su lado oyó parte de la conversación. Si, si se ha ido. Estoy seguro que era él pero llevaba un uniforme de conductor de autobús. No, no sé dónde está te digo que se iba cuando yo entraba. ¿Qué hago ahora? Entonces empezó a repetir: Ok,  iré a la casa donde esta Alya ¿Qué hago con ella? ¿La vais a trasladar? Ok ¿Cuál es la dirección? Mientras la apuntaba en un papel la repetía en voz alta ¿Y qué pinto yo allí si la vais a trasladar? Yuan había oído en la casa donde esta Alya y la dirección. Giro de nuevo hacia la puerta y se apresuró. Esta vez salió en dirección al parking. Solo pensaba que Alya estaba viva y seguramente en peligro. La iban a trasladar. No había tiempo que perder. Se acercaba al autocar. Era el mismo del llavero. Parecía de lujo. Más bien una caravana de lujo con el tamaño de un autobús que incluía un distintivo de tracción a las cuatro ruedas. Se acercó a la puerta y ¡¡¡ Bingo !!! La puerta se abrió. No sabía, ni conocía el país lo suficiente como para saber a donde tenía que dirigirse. Tenía la esperanza mientras subía de encontrar algún mapa. Esta vez la suerte sí que le sonreía. El autobús llevaba un navegador GPS. Yuan era hábil con la tecnología. No tuvo ninguna dificultad en poner la dirección en el GPS y dirigirse a toda velocidad hacia el lugar que había oído. Parecía haber perdido su sensatez o capacidad de razonamiento. Su sesera no dejaba de hacerse preguntas. ¿Qué estoy haciendo? ¿Hablaba ese hombre de negro en realidad de mi Alya? ¿Debería parar y pedir ayuda? Pero había oído que la iban a trasladar y no podía detenerse. En este caso era mejor equivocarse que pedir permiso. Sin duda hacía lo correcto. No tenía claro que iba hacer cuando llegara… pero se dirigía a toda velocidad hacia ese lugar.

Pasaba por una carretera muy estrecha. A cada lado grandes precipicios. La poca hierba que pudiera existir estaba tan seca que se confundía con el color marrón clalro y arenoso de la tierra. De tanto en tanto el verde de algunos árboles a los lados en algún tramo de curva que parecían aprovechar para poder crecer. Acababa de pasar la curva  y tomado la estrechísima recta  ve a lo lejos como se acerca hacía él un coche negro también a gran velocidad. Ninguno de los dos aminora. Ambos se apartan un poco de la carretera pisando un arcén inexistente. Es solo parte sin asfaltar de la carretera. Una parte muy pequeña. Ambos vehículos notan el traqueteo de la maniobra pero ninguno reduce velocidad. Al llegar los dos a la misma altura. A yuan le pareció por un momento como si el tiempo se ralentizara. Al llegar este a cruzarse con el autobús. Yuan miró al coche negro y como si de una cámara lenta se tratara, vio sentada en la parte de atrás a Alya. Sus miradas se cruzaron por unos segundos.  Yuan pudo observar el sobresalto de Alya al verle. Todo esto en solo unos segundos. Alya desapareció de su vista y el coche se alejaba a gran velocidad.

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