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Yuan. Capítulo 3

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Yuan. Capítulo 3

Hoy el tercer capítulo llega más tarde. Quise poner la televisión de fondo. Para acompañarme mientras escribía. Oí en las noticias la voz de una mujer que formaba parte de un hospital diciendo que se había pasado el día llorando y que esto era una puta mierda mientras se le escapaban las lágrimas al final de la frase. Se me escaparon a mi también y me bloquee. No he podido continuar escribiendo. Lo he retomado esta tarde. Para mi es un deber moral el continuar escribiendo para vosotros. Me he animado pensando que ayer vi El Hormiguero con Pablo Motos y en el salía una conexión con Antonio Banderas. Me hizo retomar una idea que tengo para otro libro. Por cierto os aconsejo ver cada noche el programa os animará y os ayudará a desconectar a mi recordarlo me he distraído. Sea como sea supongo que los sentimientos se amplifican. Así que puedo suponer como estais todos a traves de lo que o mismo siento. Por eso no he querido dejar escapar el día sin escribiros y abrir esta puerta a la imaginación que si os dejará pasear. Sin más dilación aquí os dejo el tercer capitulo. No dejéis de compartirlo y de enviarme vuestros comentarios. Tiempo tengo de sobra y los agradezco todos.

 

 

 

Capítulo 3

La vida te da sorpresas

 

Yuan silbaba la canción “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida” tumbado en la cama del hotel. Solo recordaba esta parte de la canción. Pero la noche anterior le había parecido una maravillosa sorpresa. Se sentía feliz por eso silbaba, se sentía contento por el día que le esperaba. Había quedado otra vez con Alya. Todo apuntaba a que iban a pasar unos días estupendos juntos, buscando la Torre.

Sus pensamientos quedaron interrumpidos por el teléfono de la habitación. El recepcionista le explicaba que tenía una llamada del director del diario y a continuación le preguntaba ¿Quiere que se la pase? Yuan respondió sin pensar por supuesto gracias. El director del diario le comento que había un inglés en la calle de al lado del hotel que amenazaba con tirarse por la ventana pero que antes quería hablar con un periodista.

Yuan alucinaba: ¿Qué tiene esto que ver conmigo? Le respondió a Omar (El director del diario).

Omar: Dice esta persona que solo hablará con un periodista que no sea del país y que si no se presenta alguien en 30 minutos que en lugar de suicidarse solo se llevará a todo el edificio con él.

Yuan: Pero yo no soy ese tipo de periodista que se yo de estos casos. Yo hago reportajes de National Geographic y artículos en agencias que nada tienen que ver con suicidas.

Omar: Llegaste aquí y viniste a verme. Te di un carnet como corresponsal de nuestro periódico. Y un periodista siempre es un periodista. No lo es solo por lo que escribe o sobre lo que escribe. Lo es por su perspicacia, por su visión de las cosas. La curiosidad es el combustible de un periodista. Un periodista es persistente siempre sigue su afán de saber más. Y yo sé que tú tienes ese espíritu.

Yuan se quedó callado por unos segundos.

Yuan: Iré, no por lo que ha dicho sino porqué mi ética no me permite dejar morir a tantas personas si tengo la oportunidad de salvarlas.

Omar: Sabía que no me equivocaba contigo. En cuanto te conocí sabía que tenías madera de periodista y vi la generosidad que tienes como persona.

Yuan mientras se dirigía hacia el lugar indicado por Omar iba pensando que le caía bien ese nombre al director. Omar un nombre que significa «el de larga vida» Omar era una persona lista con muchos contactos. Le facilito mucha información al llegar y pareció interesarle todo lo que Yuan le contó durante la visita. Yuan creía que era muy bueno con las palabras pero no le parecía una persona que capaz de hacer todo lo que él le había comentado por teléfono sobre un periodista. A Yuan le parecía más una persona que era muy adecuada para ese cargo con una gran verborrea y con capacidad de manipular a las personas solo con las buenas palabras. Por eso pensaba que “el de la larga vida” era un nombre muy adecuado. No creía que Omar se mojara en asuntos difíciles, estaba convencido que Omar había escalado ese puesto por sus contactos y por su palabrería. Pero tampoco lo conocía tanto y eso solo eran divagaciones. Él se dirigía al edificio donde estaba este inglés como lo había llamado Omar porque creía que valía la pena salvar la vida de las personas del resto del bloque si realmente estaba en su mano.

Llegó al edificio donde la gente parecía no saber nada. El lugar estaba tranquilo. Subió al piso que le habían indicado y llamó a la puerta.

Inglés: ¿Quién es respondió una voz nerviosa?

Yuan: Tengo entendido que quería hablar usted con un periodista extranjero.

Inglés: Como sé que es usted periodista.

Yuan: Si tiene usted en la habitación un ordenador con conexión a internet podré mostrárselo sin ningún tipo de duda. Tengo un blog donde recojo todos mis artículos desde hace años.

Inglés: La puerta está abierta pase con las manos en alto que yo pueda verlas.

Yuan abrió la puerta y entro con las manos en alto. Lo primero en lo que se fijo es que el inglés llevaba un chaleco lleno de dinamita. En una mano, una especie de botón que se supone será para activar el chaleco y en la otra una pistola con silenciador. Yuan empezó a pensar que tal vez no había sido buena idea venir. Aun así se dirigió al hombre con suma calma y le dijo:

Yuan: Usted pidió un periodista extranjero y aquí me tiene. Estoy seguro que tiene algo importante que contarme.

Inglés: Cierra la puerta con la pierna.

Yuan: Soy todo oídos aunque si me permite, verle armado como está, me pone algo nervioso.

Inglés: No tengo tiempo para tonterías si has entrado aquí seguro que eres periodista nadie podría en tan poco tiempo preparar una muestra falsa de un blog por internet y yo no tengo tiempo para mirarlo.

Yuan por un momento respiró pensaba que tal vez cuando le mostrará su blog se molestara por no considerarlo el tipo de periodista que él esperaba. El inglés parecía dominar la situación. No por estar armado. Sino por la tranquilidad y la calma que tenía. La única cosa que podría hacerle parecer intranquilo era que no paraba de mirar el reloj. Yuan medía metro ochenta y esta persona era algo más alta que él. Era una persona atlética y debajo del chaleco de bombas vestía bien.

Yuan: Espero que no mires tanto el reloj porqué ese chaleco de bombas que llevas tenga una cuenta atrás.

Inglés: Eres una persona valiente sino no estarías aquí. Conozco a la gente perfectamente. Sé que estas intranquilo pero te voy a confesar algo que hará que te quedes más tranquilo. Y te lo voy a contar porque sé que no te iras. Este chaleco es falso y la pistola no tiene balas.

Justo el Inglés termino de decir estas palabras irrumpieron en la habitación 6 personas. Tirando a Yuan al suelo y atándole las manos a la espalda. Antes de que le pusieran una bolsa negra en la cabeza vio al Inglés disparando el arma que se suponía que no tenía balas en dirección al asaltante más próximo. Lo último que oyó antes de recibir un golpe en la cabeza que le dejó inconsciente fue decir: “llevaros también al periodista”.

Mientras tanto Alya había llamado al hotel a Yuan. En recepción le informaron que Yuan había salido de forma apresurada y que había dejado un sobre para ella. Alya fue al hotel recogió el sobre y al leer las explicaciones de Yuan se dirigió al lugar. Allí no había nadie. El piso indicado estaba con la puerta semiabierta ni rastro de nada ni de nadie. Todo parecía en orden a excepción de la puerta que estaba abierta y un agujero en la pared que poco podía imaginar Alya que era de bala.

Alya llamo a las puertas de los vecinos pero nadie le abrió. Era media mañana o bien no había nadie o bien no querían abrir. Alya pensó que todo esto era muy raro y se fue en dirección al diario para preguntarle a Omar por Yuan.

Yuan se despertaba con dolor de cabeza. No podía ver nada aun llevaba la bolsa en la cabeza. Notaba el traqueteo y el ruido de un coche. Empezó a pensar rápidamente porque le habían secuestrado. Primero pensó que todo estaba planeado para secuestrarle a él. Seguro que por un periodista como él se puede pedir algún rescate pero sobretodo hacerse eco en la noticias. Luego descarto esa idea. Si todo hubiera sido por él, ese inglés no habría disparado su pistola. Por tanto él como periodista no era el objetivo. ¿Quién diablos era ese inglés? ¿Qué caray estaba pasando?  De repente el coche freno de golpe. Los sacaron y les hicieron bajar unas escaleras. Le forzaron a sentarse en una silla y le quitaron la capucha. Lo primero que vio es delante suyo al que sabía era sin duda el Inglés. También tenía una bolsa negra en la cabeza pero suponía que era él, porque llevaba la misma ropa y el chaleco  de dinamita supuestamente falsa. También se encontraba sentado y con las manos atrás. Antes de poder fijarse en nada más giro su cabeza hacia un hombre a su derecha también sentado con un traje elegante y las piernas cruzadas. A su lado había una mesa con una botella que parecía de whisky y este le preguntaba ¿Qué te ha contado el caballero que tienes en frente?

Yuan se quedó dubitativo por unos momentos. Percibió que quien le hablaba era una persona con modales. Lo que solo le tranquilizaba un poco. En un inglés con mal acento supuso que no sería de Irak; por el whisky, allí solo bebían alcohol los extranjeros. Aunque pensándolo bien una persona capaz de secuestrar, bien podía hacer lo que le pareciera. Mientras pensaba como responder. El hombre del traje le repitió la pregunta. ¿Qué te ha contado el caballero que tienes en frente? Con un tono ligeramente más alto.

Yuan respondió intentado no mostrarse nervioso. Si bien no sé porque estoy aquí le responderé sin ningún problema. Acababa yo de llegar cuando entraron por la puerta y me derribaron. Eso es todo lo que sé. Podría usted responderme solo a una cuestión ¿estoy aquí por mala suerte o soy parte de sus planes? El hombre del traje se levantó. Cogió el vaso de whisky y lo acabo mientras se acercaba a Yuan. Le miro y le dijo aquí el único que hace preguntas soy yo.  Le quitó la bolsa al inglés aún seguía inconsciente. Hizo una señal al resto de hombres de la habitación con la cabeza y todos se fueron escaleras arriba. Yuan en aquel momento pudo observar que aunque habían bajado unas escaleras no estaban en un sótano. Parecía más una especie de establo. Las paredes estaban hechas con tablones de madera y se podía ver la luz entrar desde fuera. Es más, algún agujero suficientemente grande como para ver una especie de jardín en el que no había nada más que tierra. Y de tanto en tanto alguien que tapaba la luz al pasear de derecha a izquierda. Seguramente algún vigilante. Al minuto de no oírse ningún ruido el inglés abrió los ojos sin mover la cabeza para mirar si había alguien. Cuando le pareció que no había nadie acabo de comprobarlo escudriñando todo el lugar con sus ojos verdes y girando la cabeza de un lugar a otro. Una vez le pareció estar seguro de que no había nadie. Se levantó de la silla y le dio la espalda a Yuan

Inglés: ¿Con que tenemos las manos atadas?

Yuan: ¿Eso es lo único que te preocupa? No ves nuestra situación

Inglés: Contéstame y haz lo que yo te diga. ¿Con que tenemos las manos atadas?

El inglés al igual que hacia un rato en la habitación del hotel, parecía dominar la situación. Como si nada de lo que estaba sucediendo fuera preocupante para el inglés. Yuan percibía esa seguridad y de nuevo volvía a sentir como en la habitación del piso una nerviosa calma.

Yuan: Las tienes atadas con una brida.

Inglés: Perfecto. Esa es buena señal. No estamos en manos de terroristas.

Yuan: ¿Cómo? ¿Qué no estamos en manos de terroristas? Y eso lo sabes solo por cómo nos han atado las manos.

Inglés: No solo por cómo sino con qué. Otra cosa ¿Están cortados o el sobrante está a la vista?

Yuan: No. no están cortados. ¿Pero quién eres? ¿Por qué estamos aquí?

Inglés: Date la vuelta voy a intentar colocar mi sobrante dentro de tu brida y así lo abriremos.

Yuan: se dio la vuelta y en un instante el inglés lo había liberado.

Inglés: Ahora tú. Mete la punta de la brida como si quisieras cerrarla y luego estira la mía.

Yuan siguió las instrucciones e inmediatamente se abrió la brida del inglés

Yuan: Bien ya no tenemos las manos atadas y ¿Ahora qué? Arriba habrá un montón de gente y aquí fuera seguramente un guardia y además no sabemos dónde estamos ni porqué.

Inglés: ¿Tienes alguna habilidad?

Yuan: Respondió soy mago. Tal como dijo eso le sonó a ridículo de que podía servirle eso ahora.

Inglés: Entonces se te da bien improvisar verdad. Pues sígueme e improvisemos.

El inglés se acercó a una especie de puerta  y justo en el momento que se acercaba el de fuera la araño un poco con las uñas. El vigilante intrigado se acercó a mirar por uno de los agujeros y en ese momento el inglés  pego un patadón a la puerta que la abrió de golpe llevándose por delante al guarda. El inglés salió le golpeó la cabeza y lo dejo aturdido del todo. Justo se empezaron a oír gritos arriba. Cuando Yuan salía por la puerta detrás del inglés. Se encontraban en una especie de patio trasero. Estaba lleno de escombros de chatarra. Rodeado todo por un muro blanco de piedra a excepción de la verja de hierro a la que ya se estaban dirigiendo a toda velocidad. Curiosamente estaba abierta. Al salir el inglés se acercó a un coche aparcado allí y golpeó el cristal con la culata de una pistola. Sube, le dijo, corre. Mientras Yuan subía al coche el inglés ya había hecho el puente y estaba acelerando.

Yuan: ¿Quién eres? ¿De dónde has sacado la pistola? ¿Qué está ocurriendo?

Inglés: Llámame John Smith, la pistola se la cogí al guardia de fuera. En cuanto a que ocurre mejor que no lo sepas. Yuan le escuchaba mientras miraba atrás y veía como el hombre del traje daba instrucciones a los demás mientras se alejaban en el coche. El inglés le dijo sé que tienes muchas preguntas deja que me  concentre un par de minutos y asegurarme de que no nos siguen.  Aminoró la velocidad y vistos desde fuera solo parecíamos un par de turistas más entre la multitud de coches.

Yuan le preguntó ahora ya me lo puedes explicar. El inglés detuvo el coche estaban delante del hotel de Yuan. Solo le dijo ya puedes bajar supongo que ahora estas a salvo. Pero lo mejor para ti y tu seguridad sería que te fueras de Bagdad.

Yuan mientras se dirigía hacia la entrada del hotel miraba como el coche se alejaba.

3 Respuestas a “Yuan. Capítulo 3”

  1. Esther dice:

    Esperando el siguiente estoy.

  2. Pilar dice:

    Se está poniendo muy interesante

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